La sorpresa fue el trato recibido por parte de los dueños, que nos hicieron sentir como intrusos durante la estancia y, para colmo, no cumplieron con lo pactado, ya que incrementaron la factura en 40.000 pesetas en concepto de extras absurdos: aceite aliño, 600 pesetas; un ajo, 300; leche biberón niño, 200, etcétera.
Creo necesario regular el sector, catalogando los establecimientos por categorías y que no sea un chanchullo para rentabilizar propiedades de fin de semana en que los dueños no son profesionales del sector.