Sin embargo, la búsqueda de conductores orgánicos no se desarrolló hasta el descubrimiento del potente aceptor de electrones tetraciano-p-quinodima (TCNQ) en 1960 y el potente dador electrónico tetratiafulvaleno (TTF) en 1970, lo que condujo en 1973 a su combinación para formar el complejo n-molecular dadoraceptor (TTF-TCNQ) (fig. 3), con una conductividad semejante a los metales (véase la tabla 1).
Este descubrimiento clave fue origen de un gran esfuerzo investigador, que provocó la búsqueda de nuevos complejos orgánicos de transferencia de carga (CTC) que pudieran igualar o incluso mejorar al TCNQ-TTF.